Me llama la atención el sobresalto de muchos en Cali cuando se enteran que la inseguridad reina en esta ciudad, como si los atracos, las riñas entre vecinos y parches urbanos, los accidentes de tránsito, los homicidios y el consumo desenfrenado de licor (factor que incide en las anteriores) fueran algo exótico, o un desafío superado. Tal vez por ese exceso de optimismo que suelen trasmitir los indicadores de seguridad cuando hay reducciones en muertes violentas (así sean esporádicas y minúsculas), o a lo mejor porque tal y como acontece en otras ciudades del país, el desarrollo de faraónicas obras de infraestructura eclipsa esta realidad. Pero la realidad siempre termina desbordando todos los diques que le pongan: la criminalidad, así como la desigualdad social, el desempleo y la marginación con las que está emparentada, es un problema que las autoridades locales no consiguen desterrar de Cali.
Tomado del blog de caricaturas de Mheo
Y es que el de seguridad es uno de los rubros más desatendidos por la administración local: solo se le destinan al año 6.000 millones de pesos, 2.500 pesos per cápita, inversión raquítica si se compara con los 18.000 y 16.000 pesos p.c. que invierten Medellín y Bogotá respectivamente. Pero ahí está la prelación de las famosas "21 megaobras" y los más de 800.000 millones de pesos que demanda su realización, obtenidos a través del cobro de valorización. Un ostensible desequilibrio que delata el afán de ostentar "progreso", incluso a costa del bienestar de los caleños.
Hasta ciudades intermedias como Bucaramanga o Neiva superan a Cali en cuanto a inversión en seguridad. Fuente: El País de Cali
Pero tampoco se puede obviar que una inversión sobreconcentrada en el reforzamiento de la Fuerza Pública produce los mismos resultados que invertir poco o nada (ver el caso de Medellín), máxime si permanecen intactos los cimientos del crimen en la marginación social, la imposibilidad de acceder a la educación o a un empleo, y una cultura traqueta enraizada a la idiosincrasia, fecunda en intolerancia y falta de civismo. La plenitud de seguridad para Cali, la de la cifra de 0 muertos, está todavía muy lejos de conseguir, sea por miopía administrativa, escasez de recursos o desigualdades sociales.



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