Contemplar a los aliados occidentales de Israel discursear sobre el fundamentalismo musulmán resulta un espectáculo sin par. Se podría decir que hasta llega a conmover todo ese despliegue de indignación histriónica ante la amenaza que el "malvado" Islam representa para Occidente cristiano-democrático, lo cuál casi siempre va acompañado de una eufórica invocación de los derechos humanos por sus atropellos contra las mujeres, esos derechos que tan poco están dispuestos a reconocer cuando de las víctimas del Sionismo y la política exterior estadounidense se trata.
Vano es esperar de mentes tan soberbias y atrabiliarias el menor sentido humanitario frente a las consecuencias sociales de todos los conflictos que cunden por el orbe indistintamente, mucho menos la aceptación de que las empresas acometidas por su bien ponderado Cristianismo en nombre de la Fe reclaman la misma valoración que suelen dar a la religión de Mahoma; no, está claro que sus afectos políticos y religiosos determinan qué merece su escándalo y qué su apatía. De hecho, no es tan desatinado afirmar que es el obstáculo que el dogma mahometano constituye para los intereses geopolíticos del bloque occidental Y NO el que sea fundamentalismo per se lo que realmente escuece a la secta neoconservadora, a juzgar por el exiguo rigor o el absoluto desinterés que dedica a otros fanatismos tan o más alarmantes, como el extremismo judío neo-zelota que cada vez cobra más fuerza dentro del Sionismo.
En realidad la relación que guarda Occidente con las facciones extremistas sionistas se debate entre la indiferencia total y la innoble simpatía, y en eso tanto el uso efectista de la memoria del Holocausto como el temor generalizado a la acusación por antisemitismo han jugado un papel capital. ¿Qué tanta trascendencia tiene para las falanges de la moral occidental y sus grandes agencias de noticias sucesos como la masacre de 29 personas en "La Tumba de los Patriarcas" de Hebrón perpetrada el 25 de febrero de 1994 por el colono Baruch Goldstein, militante de la "Jewish Defense League" y del movimiento político de orientación judía ortodoxa Kach, el cual aplaudió esta matanza? ¿No es esto terrorismo religioso en su más pura esencia, y por lo tanto, tan digno de repudio como el radicalismo árabe islámico que mucho gustan de reseñar? ¿Porqué no despierta la misma animadversión la influencia de estos grupos ultranacionalistas religiosos y del ideario jabotinskiano en las altas esferas del poder israelí, ni sobrecogen sus aspiraciones de transformar ese país y la totalidad de los Territorios Palestinos en un teocracia judía donde ni árabes ni cristianos tengan cabida y sosiego? Tal vez la razón por la que la "limpieza étnica" que está en curso en Cisjordania y Gaza no conmociona al "mundo civilizado" es porque simplemente éste también se ha erigido a fuerza de exterminar pueblos primigenios ¿No son de hecho "La Tierra Prometida" y el "Destino Manifiesto" estadounidense lo mismo: doctrinas de conquista territorial amparadas en un incierto mandato divino?
Foto tomada en Beit Shemesh, Distrito de Jerusalén.
Pero también acontece que el tan desaprobado irrespeto por la libertad de la mujer es moneda corriente en la pretendida "única democracia del Oriente próximo". Obligadas a cubrirse la cabeza en lugares públicos, a abstenerse de participar libremente de tradiciones religiosas bajo amenaza de arrestos, las mujeres viven a merced de toda suerte de preceptos misóginos talmúdicos, que al igual aquellos que rigen en las más adustas teocracias islámicas, buscan limitar su participación en la sociedad israelí hasta lo indecible. Los siguientes son algunos extractos de la columna de la periodista Carmen Rengel para Periodismo Humano titulada "Las frágiles mujeres fuertes de Israel", en el que hace una interesante radiografía de la vulneración de los derechos de la mujer en el Estado de Israel por motivos culturales y religiosos, tan invisibilizado por la hipocresía occidental en su desespero por demonizar a países islámicos no alineados (la columna completa en este enlace):
Las frágiles mujeres fuertes de Israel
16.12.2010 ·
"Sumisión religiosa, malos tratos y desigualdades laborales complican la existencia a la mitad de la población israelí."
"Su imagen de igualdad se desmorona: no tocan poder, no escalan en la política y son "propiedad" de su marido."
"“Sois benigno, Señor eterno, Dios nuestro, Rey del Mundo, que no me has hecho mujer…”. Cada mañana, numerosos judíos practicantes bendicen a Dios en su rezo del Adom Olam por haberles salvado de la esclavitud, por haber evitado que cayeran en la idolatría y poralejarlos del estigma de ser mujer, esos seres sometidos, cuya única misión sobre la tierra es engendrar nuevos hijos del pueblo elegido. No todos los judíos recitan esa letanía, no todos creen a pies juntillas que ser mujer no es más que una deshonra. No. Pero lo cierto es que en Israel la religión se entremezcla tanto en la vida que acaba por hacerse ley, y todo lo toca, todo lo condiciona. Aunque formalmente aún no se haya declarado un “Estado judío”, Israel lo es en la práctica, y son las mujeres las que más sufren esa realidad en sus derechos, su vida privada y su desarrollo personal. Ese dibujo de la mujer israelí fuerte, firme, emprendedora, capaz de pilotar un caza, se difumina con otras cualidades, menos visibles, pero igualmente reales: las de la mujer denostada, aprisionada por la religión, minimizada por una sociedad masculina. La mujer que choca contra el techo de cristal, que no toca poder, que no ocupa puestos de relevancia, pero que pelea por ello. Las frágiles mujeres fuertes de Israel."
"Las mujeres, que son el 51% de la población total del país (esto es, algo más de tres millones y medio de personas), ven especialmente vulnerados sus derechos en el campo de la familia. Arrastran la obligación general de casarse por un rito religioso, ya que el matrimonio civil no se contempla y, además, sólo se puede llevar a cabo con el consentimiento del rabino, pero los problemas aumentan en el caso de que la pareja se quiera romper. Gila Adahan, abogada de Jerusalén especializada en divorcios, explica que las separaciones se rigen por las leyes del Talmud, de los siglos IV y V. “Sólo el hombre puede conceder el divorcio y tiene que entregárselo por escrito personalmente a la mujer”. Esa cláusula da lugar a un fenómeno denominado como “mujeres ancladas” (agunot), que no logran el divorcio si el marido no quiere, si el esposo la abandona sin redactar ese documento obligado o incluso si está físicamente impedido y no puede firmarlo de su puño y letra. La solución, explica la letrada, pasa por una larga espera, ya que la media para lograr el divorcio en Israel es de diez años, según las ONG, y de dos, según el Gobierno. Hay chicas que se buscan una solución intermedia: pagan a sus esposos para que las dejen separarse. “No es extraño que renuncien a la vivienda o a la manutención de los hijos por lograrlo. Llegan a una verdadera desesperación”, añade."
"Kaveh Shafran, portavoz de la asociación Rabinos por los Derechos Humanos, explica que desde las sinagogas se intenta ayudar en ocasiones a estas mujeres, convenciendo a los esposos para que den su brazo a torcer. Los amenazan con el “repudio” de la comunidad, con impedirles estudiar la Torá, con rebajarlos en el organigrama de la sinagoga y hasta condenunciarlos a las autoridades penales –en 2007, 80 hombres cumplían prisión tras ser señalados por su rabinos, informa Efe-. A veces, hasta pagan un detective privado para dar con el marido huido. Los rabinos se implican siempre que haya una “causa justificada” para el divorcio, pero ahí está otro de los inconvenientes: la extravagancia de esos criterios. Shafran explica que el Talmud no considera como “causa suficientemente argumentada” la infidelidad, la violencia contra la mujer o la ausencia prolongada del hogar. Por eso si un hombre ataca a puñaladas a su esposa podrá ir a la cárcel, pero si no quiere, no tiene por qué concederle el divorcio. Sí se acepta, por el contrario, como causa justificada que el marido tenga mal aliento o no cumpla con sus obligaciones en la cama. “Un hombre puede repudiar a su mujer si no cocina bien, si encuentra a otra que lo satisfaga más o si no tienen hijos”, abunda el rabino. La soltería “es el mayor mal para la mujer israelí”, dice uno de los rabinos más conservadores del país, Ovadia Yosef, por lo que tampoco es la mejor solución: las solteras están condenadas al ostracismo en su comunidad. Hay que casarse, y pronto (24,5 años las judías, 20,5 las árabes) y tener muchos críos (tres de media). Aquí no queda el consuelo de la España antigua de meterse a cura. Al contrario: la mujer sólo participa en contados actos de las ceremonias litúrgicas y apenas en un puñado de sinagogas más abiertas. Dar un paso adelante es lo que hace la asociación Mujeres del Muro, pero puede acabar en detención, como bien sabe Anat Hoffman, su presidenta, arrestada por llevar los rollos sagrados, por leerlos, por tratar de sentir el judaísmo con la intensidad permitida a los hombres."
"(...) Sigal Ronen-Katz, asesora legal de la Israel Women´s Network (IWN, una de las principales organizaciones feministas del país), sostiene que la religión marca una sociedad patriarcal que, independientemente de estas exigencias “ridículas y estrafalarias”, acaba por generar maltrato. “Junto con las leyes discriminatorias, es el principal problema de la mujer aquí”. Siempre se ha difundido la idea de la israelí valiente, pionera, combatiente, creadora del Estado, madre pilar de la sociedad, “pero debajo haypresiones psicológica y físicas muy fuertes, especialmente en entornos religiosos”. Según sus datos, el 42% de las mujeres ultraortodoxas reciben golpes de sus maridos, y un 24% sufre violencia sexual. “Una mujer puede llevar un tanque, pero sigue siendo propiedad del marido”, enfatiza. En los últimos 20 años, 378 mujeres han muerto asesinadas por sus parejas. La mitad eran judías y árabes de edad madura que residían en entornos radicalizados. Casi el 36% de ellas eran extranjeras, cuando el colectivo de foráneos no supera un sexto de la población total del país. Este 2010 está siendo el peor año desde 2004, con 18 muertas, el doble que el pasado 2009. El primer ministro, Benjamin Netanyahu, informócon motivo del Día Mundial contra la Violencia contra la Mujer (25 de noviembre) que 200.000 israelíes y 600.000 niños son víctimas hoy de violencia física o emocional y, cuando denuncian, llevan de media cinco años de calvario. Lo dijo agachando la cabeza ante las mujeres que le reprochaban su debilidad con el maltratador: hace un año prometió cinco millones de shekel en ayudas e inversión en refugios y aún no ha liberado la partida. “Las mujeres están regresando con sus maridos y agresores porque no tienen fondos para avanzar una vez que salen de los pisos de acogida”, denuncia IWN. Las llamadas a los teléfonos de asesoramiento han crecido entre un 30 y un 50%, según la asociación, en el último año."
"(...) A la discriminación general de la mujer israelí se suma, en el caso de las árabes, el hecho de pertenecer a una minoría olvidada. La segunda división de la ciudadanía. Fadwa Lemsine, 36 años, empresaria de Acre, se ve como una víctima triple, “por ser árabe en un Estado judío, por soportar una sociedad patriarcal que raya el machismo y por no poder recibir la cualificación necesaria para escalar en este mundo de economía liberal”. Ella es una excepción, parte de ese escaso 3% de autónomas, sobreviviendo en su tienda de interiorismo y diseño. Según la Oficina Central de Estadística de Israel, sólo el 18,6% de las árabes trabaja, frente al 56% de las judías. Las mujeres árabes limpian Israel, básicamente. O dan clase en colegios de su misma minoría. O cocinan. Eso sí, trabajan por un 47% menos del salario que una israelí; la mitad de ellas se queda con el salario mínimo, nada más. Se casan antes, tienen más hijos, y aunque la palestina sea una de las comunidades más progresistas de Oriente Medio, también acarrean el rigor del Islam. “Yo he estudiado en un centro árabe, no he tenido subvención alguna para poner mi empresa, he recibido presiones municipales para contratar a judíos… Aún así, soy la primera empresaria de mi familia, estoy orgullosa”, defiende. Colabora en una asociación de mujeres y, con conocimiento propio, aporta un dato: una quinta parte de las mujeres de Israel vive en la pobreza, y casi un tercio no come todos los días, para que nada le falte a su familia. “Esa es la tragedia: que no tenemos poder sino pobreza, y ese círculo vicioso no acaba, no nos deja tener influencia, estar donde se manda. Si no estamos, no romperemos esa dinámica”, se lamenta. La creciente radicalización religiosa del país sólo complica las cosas. “Malos tiempos, malo siempre nacer mujer en esta tierra”."
¿Seguimos señalando únicamente al fundamentalismo islámico en beneficio del Maridaje OTAN-Sionismo" o re-evaluamos la definición de fundamentalismo y extremismo de tal forma que quede desprovista de intereses políticos y englobe a todas las formas de fanatismo religioso y político posibles?


Excelente artículo y excelente blog. Lo he añadido a mi blogroll
ResponderEliminarHombre compañero Espartacus, es usted muy amable, gracias. Le agradezco mucho su aprecio. Su blog también se ve muy interesante, también lo voy a seguir.
ResponderEliminarGracias y siempre bienvenido por acá.