Solía ver antes a los ateos en conjunto como un baluarte de la razón y la lógica en un mundo que se resiste a dejar atrás al Medioevo del todo. Hasta que me dio por ser justo, y ser justo significa dejar de juzgar esta comunidad en abstracto, o como un ente homogéneo que sólo puede definirse de una única forma, para pasar a distinguir sus enfoques y vertientes ideológicas. Para empezar, habría que dividir a la comunidad atea en dos grupos: los ateos tradicionales, que siguen llevando con cordura y sensatez su pensamiento, y los llamados "ateos militantes" que lo encauzan indefectiblemente hacia un proselitismo extremista y altanero. Estos últimos son de quienes nos ocuparemos en esta entrada. La siguiente es una lista un poco desordenada de algunas de las razones (muy personales) por las que creo que este tipo de ateísmo no encaja en el concepto de librepensamiento que tanto enarbola:- Para empezar, el ateo militante difícilmente puede clasificar como librepensador ya que sus opiniones permanecen ancladas a pensamientos ajenos. Basa sus apreciaciones por entero en las disertaciones de reputados conferenciantes del ateísmo y divulgadores científicos sin adicionarles mayor valoración crítica. También es de notar su inclinación a recluirse en una visión monolítica y uniforme del Universo, pretendiendo sintetizar su vastedad mediante el precario conocimiento que el ser humano ha logrado de él hasta el momento. Bien decía el brillante Carl Sagan: "En la Ciencia la única verdad sagrada es que no hay verdades sagradas" .
- Pensamiento binario y comportamiento de secta. O crees o no crees, para el ateo militante no existe otra definición posible. Su rigidez y fanatismo quedan expuestos tanto en la adopción de símbolos para su identificación como grupo, como en su propensión a manejar dicotomías inflexibles en sus deliberaciones (ciencia-superstición, progreso-atraso, occidente-oriente, etc.), rehusándose a admitir términos medios y los matices que entraña cada cuestión. De ahí su tendencia a etiquetar a priori de "creyente", "anti-ciencia" o "relativista cultural" a todos sus contradictores y a mirar con desdén a los agnósticos, a quienes juzgan cobardes irresolutos políticamente correctos.
- Sublimación de la ciencia. Si bien el ateo militante presume de ser autónomo en sus opiniones e incluso se mofa de la dependencia de las personas a la confesión religiosa, la euforia con que exalta a la ciencia puede ser otro inequívoco ejemplo de apego dogmático. Si para él la religión es lo peor que ha podido ocurrir a la humanidad, la ciencia por el contrario ha de considerarse en toda su magnitud la verdad suprema e infalible, el único conocimiento válido y la gran cornucopia de prosperidad para el mundo, y para llegar a tal conclusión por supuesto ha tenido que pasar por alto constante y deliberadamente sus aportaciones a la guerra y a la satisfacción de intereses corporativos que muchas veces atentan contra la naturaleza o contra el mismo ser humano, ej: la bomba atómica, el agente naranja, la dinamita, la torturas a los animales, la industria armamentística etc.
- Contradicciones y postura flexible frente a las libertades. Las libertades son la bandera de lucha del activismo ateo excepto cuando de la libertad de cultos y creencias se trata. Por ejemplo, cuando el Estado toma medidas encaminadas a regular contenidos de los medios de información y la cultura popular que se consideran nocivos, el ateo militante reacciona ipso facto con desaprobación aduciendo que con esto se atropella la libertad de expresión, negando además que los medios de comunicación puedan ejercer alguna influencia negativa o positiva sobre la población gracias a facultades de recepción crítica (sic) inherentes a todas las personas. En ese orden de ideas ¿Porqué oponerse entonces con tanta fiereza a la divulgación religiosa suponiendo que sus potenciales destinatarios están equipados de dichas facultades? Tal es la fascinación que le despiertan las religiones que ya no se conforma con separarlas del Estado sino que también desea suprimirlas en su totalidad, algo que va en contravía de todo sistema democrático que convoque a la realización de derechos y libertades de cada uno siempre y cuando no se vulneren los de los demás.
- Obsesión persistente por demostrar la inexistencia de Dios: Mientras al ateo tradicional le basta con creer firmemente en la no-existencia de una realidad supraterrenal sin preocuparse por imponer su cosmovisión a los demás, para el militante esto constituye un desafío ineludible, una misión que se propone cumplir no solamente a través de la web 2.0 sino con acciones concretas y poco conciliadoras en el mundo real: desde realizar actos provocadores en espacios religiosos, hasta boicotear tradiciones y fiestas consideradas sagradas, pasando por mitines y concentraciones públicas en cuanto evento religioso encuentre.
- Sobreestimación o creencia de superioridad moral atea. Ya explicada la dicotomía con que concibe el mundo el ateo militante, es lógico esperar que se ubique a sí mismo en el "lado de los buenos", y que reparta virtudes y vicios de manera desigual y arbitraria entre el ateísmo y la religión (ateos: ilustrados, cultos, razonables, tolerantes / creyentes: retrógrados, arcaicos, irracionales), para lo cuál también se vale de reseñar hasta el cansancio los incontables crímenes atribuibles a ésta última. Pero solo una pizca de sentido común e historia es necesaria para desmantelar tal embeleco: Si hay violadores, asesinos, ladrones, dictadores y criminales de guerra religiosos ¿Entonces no los hay ateos? ¿Eran por ejemplo Pol Pot, Stalin, o Mussolini creyentes? ¿O será que en últimas la maldad y la bondad son independientes de la creencia?
Excelente tu post...
ResponderEliminarYo la verdad es que me identificaria con el ateismo tradicional, me molesta que el estado utilize fondos para construir iglesias o para promover algo que deberia ser personal.
Saludos