Vuelve y juega: los derechos humanos son invocados de nuevo en la condena por parte de la comunidad internacional de regímenes totalitarios que contaron con décadas de su indiferencia y/o apoyo. Pero más que al sentimentalismo pretendido por los medios de comunicación, el convulso trance por el que atraviesan Libia, Egipto y otras naciones del Mundo Islámico, debe conducir a una reflexión más crítica de la dinámica que presentan los estados en el marco de las revoluciones sociales, que no ofrece una impresión muy optimista al observar que detrás de muchas de estas insurrecciones sociales que sacuden el mundo asechan fuerzas oscuras (endógenas y exógenas) que empuñando la bandera de las libertad y la igualdad, no ansían cosa distinta a saciar su sed poder.
¿Dejar transcurrir 40 años de alianzas políticas y comerciales de despotismo de Gadafi y tolerar su intromisión en conflictos civiles de paises vecinos como Chad, para luego sermonear al mundo con la invocación de los derechos humanos?
¿Derechos humanos, libertad? Nada de eso, simples envoltorios para adecentar la codicia de las potencias y su intromisión en los conflictos del tercer mundo en circunstancias tan cruciales como la presente.


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