Sigo con este tema de los blogs que se especializan en la crítica, quizá por que siempre se encuentra algo significativo en este mundo, o sencillamente por pura falta de oficio.
Es que de nada sirve criticar al sistema si la emoción es el único combustible que impulsa este ejercicio, siempre en detrimento de la razón, como acontece con un millar de páginas cuyos administradores exteriorizan de la forma más pueril o un descomunal resentimiento o el más ciego de los optimismos, según su orientación política/religiosa o vivencias personales, dándose el caso de que es difícil en muchas ocasiones distinguir una de la otra. Es común en estos blogueros, que creen haber escriturado la verdad absoluta, maquillar todos sus prejuicios ideológicos, religiosos y hasta raciales con el barniz de la libertad de expresión, a la que por cierto no están muy dispuestos a respetar a la hora de enfrentar opiniones opuestas.
La radicalización de estos sitios es tal, que para todo el que se aparte de su cosmovisión tienen asignado todo un repertorio de epítetos y descalificaciones que solo consiguen delatar su pobre capacidad para sostener un debate de altura.
En fin, la prepotencia nunca antes fue tan patente como en ciertos blogueros que instrumentalizan la crítica con el único objetivo de vanagloriarse y desahogarse, no tanto de la dura realidad del país o del mundo, como si de todos sus resentimientos y frustraciones.
En fin, la prepotencia nunca antes fue tan patente como en ciertos blogueros que instrumentalizan la crítica con el único objetivo de vanagloriarse y desahogarse, no tanto de la dura realidad del país o del mundo, como si de todos sus resentimientos y frustraciones.

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