miércoles, 20 de julio de 2011

COLOMBIA: 201 AÑOS DE MENTIRAS

Son 201 años en que lo verdaderamente inmarcesible ha sido la búsqueda de pretextos para las guerras y odios fratricidas, y en que el incremento de la desigualdad social ha sido directamente proporcional a la corrupción que, a propósito, nunca estuvo tan enraizada en las instituciones del Estado y en la clase dirigente como ahora


Llegó el 20 de Julio, con toda su pompa y su fanfarria. Día en que el colombiano de pie se siente llamado (o forzado) a entonar con más aliento del habitual esas líricas de Oreste Sindici que el resto del año pronuncia de forma mecánica e irreflexiva, y a maravillarse con la solemnidad de las procesiones militares en calles y plazas bautizadas con nombres de próceres que desconoce, para celebrar la independencia que nunca llegó, o mejor, esa transición de poderes que comenzó hace 201 años con el estruendo de mosquetes y el traqueteo de las bayonetas: la sustitución de amo y de bandera, de la encomienda por la maquila, la Cruz de Borgoña por la omnipresente barriestrellada, camufladas en el tricolor que por este día ondea en balcones y aleros, pero que disimula muy pobremente la débil soberanía de este protectorado llamado Colombia.


Bandera del Estado libre asociado de Colombia

Son 201 años en que lo verdaderamente inmarcesible ha sido la búsqueda de pretextos para las guerras y odios fratricidas, y en que el incremento de la desigualdad social ha sido directamente proporcional a la corrupción que, a propósito, nunca estuvo tan enraizada en las instituciones del Estado y en la clase dirigente como ahora. Dos siglos y un año, y todavía seguimos insistiendo en una precaria solidez como país con base en un centralismo bogotano apático a los intereses de regiones, que aún hoy coquetean con el separatismo y persiguen la meta que conquistaron tempranamente Ecuador, Venezuela y Panamá.

201 años de comernos el cuento del "multiculturalismo colombiano", buscando ingenuamente con su mención eclipsar y alcahuetear el racismo de un pueblo que en pleno siglo XXI sigue mostrando una fijación enfermiza por el color de piel y la extracción social. 201 años en que la herencia discriminatoria española se ha conservado intacta y el sentido despreciativo de las palabras indio o negro no es desterrado del habla del colombiano de a pie, de ese que se victimiza en Europa cada vez que oye la palabra "sudaca" y que tanto se ufana de ser incluyente y cordial (con el extranjero, claro esta).


En fin, 201 años de mentiras.

martes, 21 de junio de 2011

El clasismo de las telenovelas colombianas


De todo el repertorio de clichés empleados por los novelones de los canales privados, el de las clases sociales es, creo, el más explotado de todos. Ignoro si esto obedece a la simple pretensión de la industria televisiva de buscar una identificación rápida de todos los estratos sociales de este país, o a un trauma con la literatura infantil, pero lo cierto es que se han encargado de hacer de este temita la columna vertebral tanto de telenovelas y seriados, como de comedias y hasta programas infantiles, y como todo lo que producen RCN y Caracol, está plagado de estereotipos que ponen en relieve no solo las limitaciones creativas de guionistas y directores, sino también ciertos prejuicios sociales que enmascaran con toda esa cursilería a la que han venido acostumbrando al colombiano de a pie, porque no hay que olvidar que esta es una televisión para pobres hecha desde la perspectiva de los ricos.

Pueden cambiar los titulos, el lugar o la época en que se ambientan estas producciones, pero la historia sigue siendo la misma: la típica del "amor" entre dos personas unidas por el "destino" (o por sus ansias de escapar de la rutina de su entorno), que viven su idilio rodeados de incontables dificultades surgidas del desencuentro entre las clases sociales de las que provienen: los lujos y hasta las extravagancias de uno de los protagonistas contrastan con las habituales carestías y la forzosa frugalidad del otro. Los obstáculos para esta aparentemente tan desinteresada relación los aportan siempre las familias y las amistades de los protagonistas (especialmente la del protagonista rico) una vez se enteran de ella y arremeten con toda su descarga de prejuicios para disolver la mentada unión. Ahora, muy a pesar de la manoseada premisa de "el amor rompe barreras sociales" que plantean hasta la saciedad, estas novelas transpiran un insoslayable clasismo, patente en el deliberado empeño de los guionistas, directores y hasta los actores de recrear lo que a su juicio define al pobre: ser grotesco, inculto, bullanguero, fanático y violento, en oposición a la etiqueta, el refinamiento y el "altruismo" que exhiben las clases altas. Después de mil penurias y malentendidos, estos dramones concluyen que el protagonista pobre estaba desde el principio destinado al ascenso social, y la relación con su cónyuge rico constituye ante todo un privilegio que ningún otro de su clase ha conseguido, pues es el trampolín que lo catapulta a la élite.

Poco interesa si se llama "Chepe Fortuna", "A Mano Limpia", "Padres e hijos", "Los Reyes", "Hasta que la Plata nos Separe", o "El Joe, La Leyenda", es ostensible la dependencia de la novela colombiana a este tema y a su filosofía rebosante de hipocresía. Si, hipocresía, porque es un tema que no guarda ninguna consonancia con la realidad de un país donde el estatus e incluso la raza condicionan en la mayoría de casos el progreso y las relaciones sociales, acentuado por el hecho de que la mayoría de actores, directores y guionistas de estas novelas pertenecen a prestantes familias célebres entre otras cosas por su marcada práctica de la endogamia y el racismo. Este tipo de programas no pasan de ser una fantasía con que el colombiano de a pie se autoengaña y se cierra a creer que el mundo de afuera es tan igualitario como las novelas se lo pintan.

martes, 7 de junio de 2011

Blogs: prepotencia y otros desatinos.


Sigo con este tema de los blogs que se especializan en la crítica, quizá por que siempre se encuentra algo significativo en este mundo, o sencillamente por pura falta de oficio.

Es que de nada sirve criticar al sistema si la emoción es el único combustible que impulsa este ejercicio, siempre en detrimento de la razón, como acontece con un millar de páginas cuyos administradores exteriorizan de la forma más pueril o un descomunal resentimiento o el más ciego de los optimismos, según su orientación política/religiosa o vivencias personales, dándose el caso de que es difícil en muchas ocasiones distinguir una de la otra. Es común en estos blogueros, que creen haber escriturado la verdad absoluta, maquillar todos sus prejuicios ideológicos, religiosos y hasta raciales con el barniz de la libertad de expresión, a la que por cierto no están muy dispuestos a respetar a la hora de enfrentar opiniones opuestas.

La radicalización de estos sitios es tal, que para todo el que se aparte de su cosmovisión tienen asignado todo un repertorio de epítetos y descalificaciones que solo consiguen delatar su pobre capacidad para sostener un debate de altura.

En fin, la prepotencia nunca antes fue tan patente como en ciertos blogueros que instrumentalizan la crítica con el único objetivo de vanagloriarse y desahogarse, no tanto de la dura realidad del país o del mundo, como si de todos sus resentimientos y frustraciones.

martes, 31 de mayo de 2011

El estigma de la "cultura salsa" en Cali



En pleno siglo XXI todavía no termino de comprender el porqué de esa tozudez de la Alcaldía de Cali y la Gobernación del Valle del Cauca por seguir designando a la salsa como única manifestación identitaria de una región que se caracteriza por su diversidad cultural y étnica. Es inaceptable que en una ciudad tan heterogénea, donde convergen personas, ritmos y sabores tan distintos, todos los esfuerzos de los gobiernos locales estén orientados únicamente a reforzar la parálisis cultural que la gobierna desde hace muchos años, mediante el excesivo y hastiante incentivo a la salsa.

Es un lugar común reconocer que en un gran porcentaje la culpa de tal rezago y de la estimatización que macera a Cali en el contexto nacional - y hasta internacional- gravita sobre la ineficacia de una clase dirigente que en muchos ámbitos da muestras de su miopía gerencial, y la promoción cultural, cómo no, es uno de ellos. No hay stand de feria empresarial o canal de televisión en los que el secretario de "cultura" (!) y turismo de turno no esté presente portando la cuña que respalda ese rótulo tan desafortunado que se ha ganado esta ciudad: el de "Capital de la salsa". Desafortunado porque, con el respeto que merecen los amantes de ese género musical, se ha convertido en un estigma.

Este predominio de la salsa en la oferta cultural y turística caleña es a todas luces abusivo y excluyente: mientras eventos como el Festival Internacional de Cine de Cali se cancelan por supuestas "dificultades presupuestales", la Feria de Cali, el Festival mundial de la salsa y el Festival de salsa y verano continúan desarrollándose sin ninguna contrariedad, y por supuesto, con el amparo de la Alcaldía de Cali a través de su Secretaría de Cultura y Corfecali.

Al elegir un ítem específico como estandarte de su cultura las ciudades buscan definir su identidad, con el riesgo de que tal identificación comporte un anquilosamiento. Y eso es lo único que tristemente ha dispensado la salsa a una ciudad como Cali: la lastimosa reputación de ser la meca de un género que tiraniza los espacios de la cultura y el entretenimiento, marginando otras expresiones.

Y después nos preguntamos porqué a Cali y al Valle del Cauca se les da un trato de quinta, porqué se les da tan poca importancia en la erogación de recursos del Estado, en los espectáculos que se presentan en el país, etc. Porque ni los que vivimos en esta región ni los políticos que elegimos proponemos una imagen distinta de ella, seguimos empleando las mismas gastadas estrategias de cortos resultados.

martes, 24 de mayo de 2011

Criticar por criticar. De la irreverencia y otras yerbas.


De todos los blogs con que me he topado, son los de crítica, que proliferan bastante en la web, los que más han llamado mi atención, y no solamente por que sea la crítica el género en que se inscriben (al igual que este blog), sino por la formula que emplean, que es la que determina su éxito. La táctica con que buena parte de ellos procura granjearse notoriedad es la irreverencia, que hay que decirlo, nunca antes fue tan abusada como ahora.

No es un secreto que el lenguaje políticamente correcto y demás formalismos resultan agobiantes por la rigidez que los define, y por consiguiente sea natural la aceptación de transgresiones de cualquier norma como una alternativa mucho más seductora a la hora de cautivar a personas del común, para las que cualquier materia con algo de complejidad o profundidad es causa de confusión, y hasta de espanto. Si esa disyuntiva es constante en todos los medios tradicionales ¿Porqué la internet, y particularmente el mundo de los blogs, tan democrático y accesible, iba a estar excluido? La irreverencia supone entonces, no solo un cambio de estética, sino un intento por simplificar temáticas.


Pero como toda moda, esto de la irreverencia también es susceptible de volverse cansón. No voy a criticar la irreverencia per se, porque, en primer lugar, constituye una transformación positiva en el campo de las comunicaciones, además sería hipócrita de mi parte amonestar algo que me ha deleitado como espectador. Pero con lo que no me avengo es con esa obsesión de muchos blogueros, sobre todo los colombianos que son los que más conozco, por tomarse al pie de la letra el ser irreverentes, como una regla que toca cumplir a la fuerza con tal de mantener un alto tráfico de visitas. Hablo sobre todo de ese tipo de bloguero nostálgico de la generación de los 90's, educado por El Siguiente Programa, South Park y MTV y que en virtud de esta influencia, tiende a mirar todo como digno de su mordacidad pero también de su visceralidad. Y cuando digo todo, es TODO, pues no parece haber nada de su agrado. Solo basta con decir que en estos blogs es moneda corriente atacar a la persona y no tanto a lo que representa esa persona, que en un blog de crítica tradicional es esencial.


En definitiva, creo que la critica social, política y televisiva es imprescindible en internet, y más cuando en los medios tradicionales la poca que hay está tan prostituida. Pero no le hace ningún bien a la crítica renunciar a la razón y dejarse gobernar por la puerilidad de criticar por el simple placer de criticar, sin que tercie ningún motivo, que ahora recibe la denominación de "irreverente".

sábado, 14 de mayo de 2011

Colombia: el paraíso de la corrupción

Cortesía de Matador Cartoons

Ni los desfalcos a la salud o a los damnificados por el invierno, ni el carrusel de la contratación, ni el expolio de tierras a campesinos y comunidades ancestrales, ni la rapiña de las transnacionales, entre otras arbitrariedades han sido hasta la fecha lo suficientemente explosivas para sacudir la conciencia del colombiano de a pie, que se limita a contemplar las injusticias con indolencia ¿O es más exacto decir resignación?

Tal vez conformidad sea la palabra que mejor designe esta actitud. Realmente no puede esperarse otra cosa de un pueblo que desde que tengo memoria vive familiarizado con la injusticia y la deshonestidad en todas sus manifestaciones y en cada una de las esferas sociales. Basta con recordar hechos tan cotidianos como pasarse el semáforo en rojo, los sobornos (cuando no son agresiones) a los policías de tránsito, la falta de ética comercial, y colarse en la fila para pensar en la ilicitud, no como un flagelo, sino como un símbolo patrio más de este condenado país.


Colombia es suelo fértil para la semilla de la corrupción, y como los casos son tan desbordantes, es preciso abordar el tema de manera esquemática y comparativa: mientras en otros países procedimientos desarrollados para amedrentar a la oposición política son razón suficiente para que dimitan sus presidentes, en Colombia estos le permiten llegar sin mayores inconvenientes al final de su periodo de gobierno e incluso aspirar a reelegirse. De igual manera, en países como España el cohecho y las adjudicaciones a dedo tienen sanciones que la justicia colombiana administra con notoria lenidad y que todavía mantienen en sus cargos a funcionarios públicos (que lo diga Samuel Moreno que como mucho logró tres meses de suspensión, y todavía tiene la desfachatez de asegurar que renunciar no está en sus planes). Y es que hasta países como la India son más ejemplarizantes a la hora de sacudirse de los abusos de corporaciones transnacionales, mientras el Estado colombiano, con la genuflexión que le caracteriza, les permite hacer lo que les plazca con los recursos naturales y los derechos humanos a cambio de compensaciones mezquinas.

Todas las condiciones están dadas para que la corrupción y la injusticia prosperen en este país. ¿Cómo iba a ser de otra manera si en el mismo imaginario colectivo del pueblo colombiano se inserta la demonización de la protesta contra las injusticias, clasificándola como una "manifestación mamerta"? Definitivamente la ignorancia es la mayor legitimación de la corrupción.

lunes, 2 de mayo de 2011

Euforia y lamentaciones por Bin Laden

Es innegable que la muerte de Osama Bin Laden desde el 11 de septiembre de 2001 era uno de los acontecimientos que en especial el mundo occidental más deseaba presenciar. Sin embargo el eufórico júbilo que comenzó en la madrugada de ayer, como cabe esperar, contrasta con el escepticismo y el rechazo de facciones políticas adversas. Si no son los tradicionales cuestionamientos éticos de la corriente anti-yanqui (muy dominada por la expresión más radical de la izquierda) los que atacan este tipo de iniciativas militares de Estados Unidos -especialmente cuando los del norte pasan por alto la soberanía del país donde se desarrolla la operación, como en este caso-, por otro lado son los suspicaces que no dan crédito ni a la misma muerte de Bin Laden, y menos después de que el Pentágono confirmara que al cadáver se le practicó una inhumación en el Océano índico acorde con las tradiciones islámicas (¿desde cuando se preocupa tanto Estados Unidos por los ritos de sus muertos?). Y por supuesto, no se puede olvidar el foto-montaje de pobre calidad que difundió la televisión pakistaní.

Pero también hay que resaltar la invocación de los derechos humanos y la "defensa de la vida" por parte de regímenes como el venezolano, que una vez más muestra al mundo su diligencia en condenar los crímenes del imperialismo yanqui, sin abdicar, eso si, en su solidaridad con dictaduras del medio oriente asesinas de su propio pueblo o que amenazan con el mayor desparpajo con borrar del mapa todo un país.


"Ahora la muerte de cualquier individuo, aparentemente de lo que se le acuse, pero no sólo de elementos fuera de la legalidad como Osama bin Laden, sino de presidentes, de las familias de presidentes, son abiertamente celebradas por los jefes de los gobiernos que bombardea" - Elias Jaua, Vicepresidente de Venezuela.

La muerte de Bin Laden no va a dar termino al terrorismo internacional, eso es cierto, sobre todo si la política exterior de Estados Unidos sigue procediendo con la misma intransigencia, por mucho que se esmere en mostrarse en estas circunstancias como el guardián de la seguridad global que lo combate. Pero es aún más dudoso que el terrorismo desaparezca al encontrar tanta aprobación disfrazada de humanismo por parte del antiyanquismo de izquierdas.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...